ES TIEMPO DE AMAR Y DE SER JUSTOS

Siempre llevo el Rosario conmigo, es mi compañía predilecta, es también la oración predilecta de la Iglesia Católica. Es un compendio de todo el Evangelio, es el espejo y la síntesis de la vida misma y contiene en sí las claves para hacer de la existencia una vida rica, virtuosa y eterna.
Al correr las cuentas del rosario el primer misterio doloroso me dice rezar por quien sufre en cualquiera de sus formas. Cuando el alma está bien, el hombre se deja visitar y acariciar por Dios, pero cuando está deprimida, cuando está bajo el nivel del ser, se aleja de su Padre y de la esencia del bien. El hombre es y ha sido llamado a ser Dios por Jesucristo y de ahí que el mejor remedio contra la depresión es la oración. Continuando con la lógica del Rosario, el segundo misterio doloroso representa y recuerda la injusticia, graficada en los azotes que le dieron al señor, el fue atado a una columna y despojado de su dignidad a punta de dolor. La palabra justo si nos referimos a Dios, significa Santo y por eso Dios es Santo. Este episodio de los azotes fue un castigo cruel y perverso, pero debemos recordar que existe un axioma en el derecho “Nule pena sine culpa”. No puede infringirse una pena sino se comprueba una culpa y eso se acredita en el debido proceso. A Jesucristo lo castigaron sin ningún proceso, incluso Pilatos dijo no veo en él delito alguno y sin embargo se le mandó a azotar.

El segundo misterio doloroso es el de la injusticia. La deuda del derecho, la deuda de todo el derecho procesal y judicial, esta es la misma deuda que todo el sistema procesal tiene con miles de cristos, aquellos que fueron condenados contra toda evidencia, contra toda verdad, la deuda que el derecho tiene con aquellos que sufren una justicia corrupta, una justicia, decadente, prevaricadora, tardía e ineficaz, la que es toda una apología, es toda una exhortación a reivindicar el derecho que nace en mi corazón cada vez que recuerdo el segundo misterio del Rosario. ¿Qué hace la injusticia en el corazón de quien la comete?, ¿Qué hace la injusticia en el corazón de quien la padece?

Atisbemos primero en el corazón del injusto. El sabe que ha hecho mal, el sabe que ha privado a alguien de lo que le pertenece al otro, el sabe que se ha apropiado de lo que no es suyo. La justicia es la constante voluntad de darle a cada uno lo que es suyo.

El injusto sabe que ha violado la justicia y por eso no está tranquilo, bajo su apariencia de invulnerabilidad el injusto, el ladrón, el defraudador, el juez, el funcionario público que no ha actuado bien, se carcome en su desatino y no permanecerá tranquilo nunca más, porque teme a la venganza. El injusto no tiene paz, la paz es la tranquilidad en el orden y este queda víctima de la inquietud. Pero el principal motivo de la inquietud del injusto, es que el ve a los demás en el espejo de si mismo. El ladrón cree que todos son ladrones y por eso el injusto cuando persevera en la injusticia, vive en el temor de la represalia y vive con la certeza de merecer el desprecio de los demás.

Ahora sumémonos al corazón del que la padece, ¿quién de nosotros no la ha padecido, quien de nosotros no se ha quejado alguna vez de cómo lo discriminaron, de cómo lo postergaron, de cómo es escasa su remuneración por el servicio que él presta, del trato vejatorio entre el servido y el servidor, de cómo fueron violadas las reglas del debido proceso judicial. ¿Quién no conoce a alguien que haya sido víctima de la injusticia?

En el corazón del que fue ofendido existe un gran dolor y una gran rebeldía porque somos humanos. El odio generalmente fructifica en una acción violenta hacia aquel que nos despojó, eso es totalmente ajeno al espíritu de cristo y a la elemental humanidad, la injusticia no se remedia con otra injusticia, a la violencia nadie la ha curado con una violencia igual o mayor. ¿Pero me está permitido ejercer las acciones que el derecho franquea?, categóricamente sí y es bueno enviar la señal de que con ningún ser humano se puede jugar impunemente, porque la justicia es tranquilidad en el orden y cuando se corrompe la justicia se entra en una pendiente resbaladiza que nos lleva hacia el caos. En una nación pueden fallar los sistemas de alimentación, de salud, de educación, pero hay posibilidades de recuperarse, sin embargo cuando falla la justicia y la manera del ser humano de comprenderla y aplicarla, cada uno desde su cargo, cada uno desde su responsabilidad, el segundo misterio doloroso del rosario se repite y se hace carne en cada uno de los Cristos que fueron azotados y que siguen recibiendo el castigo fuerte doloroso e indiferente de quien tiene el poder de infringir ese castigo, en la forma o manera que sea.

El castigo siempre emana de una intención negativa, de un pensamiento que nos aleja de cristo, de un pensamiento intrínsecamente perverso, porque habitualmente es en contra de quien debe soportar mí poder y jerarquía. La justicia es entonces comprendida como una virtud cardinal, en torno a la cual se aglutinan todas las demás virtudes. Justicia, que virtud tan admirable de entregarle a cada uno lo suyo. San Pablo solía decir yo vivo de la fe y del amor del hijo de Dios. Esa es una existencia vital, Pablo no hace conjeturas ni opiniones, Pablo sólo transmite certezas, y dijo “El entregó su vida por mi, que soy un indigno sin merito”, luego de eso lo menos que mi alma puede hacer en mi vida terrenal, es ser Prisionero de Cristo y actuar sólo con amor. Amor con amor se paga, la nobleza obliga, la cruz obliga. No se pueden comparar las tribulaciones que padecemos hoy día con los dones que Dios nos tiene reservados en su gloria. El Sufrimiento es una suerte de peaje pascual, que nos permitirá algún día poder transitar por caminos anchos y luminosos. Cristo llegó a esa vía a través del camino de la cruz, si tú quieres estar donde cristo está, debes tomar su mano herida y transitar a través del sufrimiento, a través de la injusticia.

Cristo también fue un prisionero, un encarcelado, un vejado que sufrió el tormento del despojo de su condición de hombre, el despojo del que es apresado. Fue vejado humillado, criticado y juzgado por las leyes del hombre, para posteriormente ser encarcelado y finalmente asesinado en pos de la justicia aplicada por el hombre. Esta navidad recordemos a cristo niño, a cristo ingenuo y santo, ese que a los 33 años murió a manos de nosotros, los asesinos, los injustos, los que le quitamos todo lo que le pertenecía, incluso la vida. Hoy el segundo misterio del Rosario nos recuerda nuestra culpa, nos recuerda lo que seguimos haciendo en contra de muchos Cristos, de diferentes maneras y en diversas instancias de poder.

Navidad es un tiempo para recordar, para llorar, para ponernos nostálgicos y también para agradecer a Dios por el nacimiento del hombre más justo que haya existido y que debe estar presente en todos nuestros endurecidos corazones, debe estar presente en nosotros cada día y a cada instante. Por eso siempre llevo el Rosario conmigo, por eso es mi compañía predilecta.

IVÁN QUINTANA
Director Tejemedios
Comunicador Social, Profesor, Licenciado en Educación